Nuestro cuerpo espiritual

meditar¿De qué nos sirve seguir  una práctica espiritual?

Mentalmente identificamos espiritualidad con ‘religión’ y nos viene a la memoria  las instituciones religiosas establecidas desde la obligación, el pecado y el miedo al castigo.

Pero la espiritualidad es algo intrínseco al ser humano porque poseemos un cuerpo espiritual; nuestra esencia.

Toda persona que sigue una práctica espiritual y trabaja en sí misma para el desarrollo de su Conciencia está contribuyendo a la evolución de la Humanidad en su conjunto.

Reiki. Yoga. Meditación. Oración. Todos ellos son herramientas o Vías para poder conectar y armonizar con el Ser espiritual que habita en nuestro cuerpo físico. Estas prácticas espirituales nos ayudan a conocer y controlar nuestro  cuerpo físico y mental hasta conseguir hacernos dueños de nuestra vida y darle la dirección correcta, saliendo así del sufrimiento y los conflictos internos.

La transmisión de energía que hacen los maestros de diferentes sistemas, es una gran ayuda para avanzar de forma más acelerada y certera, en el camino del crecimiento personal y espiritual.

La Energía Superior Cósmica nos impulsa en el trabajo de desbloqueo y purificación. Es Inteligencia Pura. Es Luz. Es la energía poderosa sanadora del Amor Incondicional.

Nos ayudan a conectar con nuestro cuerpo energético para desarrollar la  mente y conectar con el cuerpo astral y así poder despertar la Conciencia.

En este proceso largo de convertirnos en seres humanos íntegros debemos  practicar la alineación y armonización de los chakras y la meditación si deseamos tener Salud integral y paz interior.

Todas las personas iniciadas en alguna práctica espiritual son puntos de Luz dentro de la Humanidad al servicio de su evolución colectiva.

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La dimensión espiritual

ser de luz 6Estamos dentro de un proceso de evolución para rescatar nuestra esencia y dirigirla de forma ascendente a sus orígenes; la Conciencia Universal .

Contactar con nuestro cuerpo espiritual es necesario para poder percibirnos de forma completa además de sabernos parte inseparable de los demás, de la Naturaleza y del Universo.

El sufrimiento humano viene de estar dominados por la mente inferior que nos mantiene apegados al mundo material y al sopor de los sentidos.

El desarrollo de la observación de nosotros mismos y la capacidad de discernir, despertarán la Conciencia del Ser en nosotros. La conexión mente-corazón es necesaria para salir de ese letargo que nos ha convertido en seres mecánicos e inconscientes.

La dimensión espiritual en el ser humano contiene la energía del Amor Puro; espíritu que habita en nosotros que  contiene el código sagrado de toda la existencia. No tiene que ver con las religiones y sus instituciones. La espiritualidad es nuestra esencia, es la Luz que mantiene con vida este cuerpo físico y le da sentido a la existencia. Es la  Conciencia del Ser en nosotros.

Las prácticas espirituales que despiertan el espíritu  son la oración, la meditación, el agradecimiento, toda disciplina y arte que nutra y nos conecte con el alma.

 

Mi paso por el Islam

mujer en temploMe llevó a abrazar el Islam hace treinta años, mi intención sincera de transformación. Fue todo un reto el aceptar la obediencia a una doctrina y mi entrega a la Fe, para deshacerme de la vanidad y  el orgullo. Reconociendo mi ignorancia me sometí voluntariamente a una disciplina que borrase mi ego. Decidida desde mi sincera intención a doblegar mi yo para que asomase a la Luz mi espíritu. Deseaba forjar la voluntad con el ayuno y con la oración diaria. Quería romper patrones y hábitos. Buscaba la paz interior. Me sentía muy perdida.

Durante los primeros meses  todos estos cambios en mí, supuso para mi mente un bombardeo tal que finalmente la hizo romper en pedazos. Es muy difícil de explicar. Fue como darle la vuelta a un calcetín. De un momento a otro, cambié de nombre, cambié la forma de vestir, me deshice de  muchas costumbres e introduje muchas nuevas en mi vida… los cinco rezos diarios a horas concretas, prestar atención a nuevos valores como el recato, la discreción, el silencio, la purificación, atender lo sagrado, el continuo agradecimiento y alabanza a Dios, …

Todo ello por mi anhelo de sentir  la cercanía de Dios y la añoranza por revivificar todo lo espiritual en  mí. Mi decisión de vivir volcada y centrada en el mundo espiritual era tan fuerte que conseguí superar todas las pruebas.

… Después de muchos años desde aquel 1983 que entré en la comunidad musulmana en Granada, ya dejé de vivir la religión de igual manera… mi corazón se consumió tanto como mi ego…  Viví muchos milagros, debo decirlo.  Dios siempre me protegió y elevó cada vez que perdía las fuerzas.

Ya no soy la que era hace 30 años… cómo podría quedarme estática. … crecí en Conciencia de Ser.

No tengo las mismas necesidades -esas fueron cumplidas- ni tengo la misma visión de la vida ni de mi misma. No creo más  ni quiero nada más que me separe o que me haga excluir a otros.  Ya mi visión y percepción de Dios dejó de ser personal para percibirlo en la grandiosidad del Amor Puro Incondicional. El horizonte se me ha ensanchado y mi corazón también.

Una cosa es el mensaje de los profetas y otra distinta las instituciones religiosas. No quiero que la religión suponga la corteza que antes quería creer que me protegía y sostenía pero que luego sentí me aprisionaba y era dura y rígida. No quiero que la religión me empuje a practicar lo que  ella misma condena; la hipocresía, el disimulo, la falsedad, … ya que la represión inevitablemente es eso lo que alimenta. No quiero sentirme o creerme superior y poseedora de la verdad. No quiero participar en esa competitividad o rivalidad común entre los que se llaman creyentes.

Pero, yo no he dejado el islam o el cristianismo, su mensaje lo he sumado a mi Ser. Simplemente  he seguido mi camino espiritual, nada ha cambiado en mi intención y anhelo de cercanía a la Divinidad.

Todo en el Universo está en movimiento continuo, cómo pretender quedarse inmóviles en el tiempo…  me siento agradecida por la fortaleza interior que me proporcionó esa etapa de mi vida. Me abrió los ojos a una Realidad superior.

 

¿Qué es la espiritualidad?

Jesucristo atraía a miles de personas, le seguían aunque lo más probable es que no entendiesen sus palabras. Pero él irradiaba una Luz irresistible que beneficiaba a quienes le rodeaban; llegaba paz  a sus espíritus. Les transformaba. ¿Qué más hay que entender? Así ha sido y es con mucha gente santa e iluminada; desprenden una energía amorosa que produce atracción y reconocimiento de quienes vibran “en su misma onda“.

Nuestro espíritu vibra y se regozija cuando la Luz le envuelve. La espiritualidad es parte intrínseca de nuestra naturaleza; es el anhelo más íntimo de nuestro ser esencial por mantener viva la fusión con la divinidad.

Elevar nuestra frecuencia de vibración. Percibir y sintonizarnos con las energías sutiles que nos ayudan a trascender este plano material. Purificar nuestro corazón y llenarlo de amor y compasión. Cuando nos invade un sentimiento de inquietud e insatisfacción con nosotros mismos,  es nuestro cuerpo espiritual que nos está pidiendo que le alimentemos.

¿Cómo? Yendo al encuentro de nuestro ser. Anhelando ese encuentro. Yendo hacia adentro, donde está nuestro Templo y allí nuestro Maestro-Guía (Angel Guardián). Respirar profundo y guardar silencio, en perfecta calma. Y en esa quietud y paz, podemos hablarLe desde el corazón para luego -lo más importante- escucharLe.

Las religiones y las instituciones religiosas son y nos enseñan otra cosa muy distinta. Aquí estamos hablando de espiritualidad. Somos seres espirituales y no necesariamente “religiosos”.

Sé lo que digo. He sido religiosa durante 20 años. He sido creyente practicante y cumplía diariamente con todas las obligaciones religiosas (por miedo a que Dios me abandonase, me castigase, … también por agradarLe, por ser buena creyente…). Pero el calor devocional de mi corazón se fue apagando; las obligaciones asfixiaban la espontaneidad y el anhelo del espíritu se difuminó y cayó en el hábito. La oración se convirtió en rutina …

La espiritualidad y la comunión con Dios es algo totalmente personal. Ni se puede imponer ni se puede convencer con palabras de su existencia. No se puede inculcar la fe, hay que experimentarla. No se puede obligar a rezar, hay que sentir esa necesidad. No se puede conocer a Dios si no existe primero ese anhelo ardiente por fundirte en Él.