La importancia personal

Terminó el tiempo de ser pasivos, de ser sólo observadores críticos, de los demás. La vida ha dejado de ser un juego impersonal y gratuito a ser un juego responsable.

La vida sigue siendo un juego -y se pasa fatal si no se conocen las reglas-. Y sigue siendo un juego porque tiene que fluir desde la inocencia. Y la inocencia está ligada a la Gracia Divina, se entienda esto o no.

Es la Gracia Divina la que le da a la vida el carácter sagrado.

La vida, si no le damos un fundamento sagrado, es vana; no tiene sentido ni profundidad.

Si a la vida la despojamos de su manto sagrado, se vuelve miserable. Si el ser humano deja a un lado su aspecto sagrado se vuelve cruel, déspota.

Es entonces cuando la Naturaleza le da la espalda, la Madre Tierra le ignora y deja de protegerle.

Tu decides. Cada uno decide. Y aunque venimos marcados por un karma; con un bagaje que nos condiciona y posiciona, somos libres para resistirnos a cumplir con nuestro destino o acelerar nuestro aprendizaje (desde la rendición de nuestro Ser) o quedarnos impasibles en el propio infierno que nos hayamos creado.

La vida es un juego, si nos tomamos a nosotros mismos demasiado en serio, estamos alimentando el Ego y nuestra importancia personal no nos dejará disfrutar, agradecer y valorar nuestra existencia …

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Una vida plena sin edad

mujer anciana riendoVolver atrás 35 años, en un instante, es posible si primero te deshaces de los miedos. Traer el pasado -limpio de culpas- al presente de forma consciente. Revivir el sentir de la juventud en la madurez y reconciliar la nostalgia y la soledad con el amor y el entusiasmo por la vida.

Poder llorar y reír,  al percibir que se puede fusionar también el cielo y la tierra, y en ese punto; transformar en paz y aceptación la vida, haciéndola más plena. ¡Qué victoria!

A las personas queridas las guardamos en el corazón, donde se mantiene intacto el sentir de todo lo bueno que nos han dado. Con los años, el  transcurrir del tiempo deja de interesar. Al ir deshaciéndose uno de la importancia personal, al ir perdiendo identidad, también uno se aligera de lo poco significativo; de todo lo externo.

El corazón es la cueva sagrada  donde quedan  depositados todos nuestros tesoros y vivencias. El poder de nuestro ser esencial original se mantiene vivo por siempre en la llama del Amor que ahí permanece perenne.