
Potenciando la templanza encontraremos el equilibrio y la armonía interior.
Después del recogimiento obligado, del distanciamiento físico, de frenar en seco una vida de sobre-esfuerzo, de vivir contra-reloj, de padecer ansiedad y estrés super-preocupados por el futuro… encontremos y apreciemos la virtud de la moderación.
Los excesos nos han llevado a insensibilizar los sentidos. Recuperemos la capacidad de experimentar el afecto y el amor por la vida como algo bello y sublime.
El problema de no saber manejar de manera mesurada las emociones y los sentidos hace que aparezcan en nuestras vidas los conflictos y sufrimientos, que hubiesen sido perfectamente evitables.
Abusar es hacer un uso exagerado de algo, inclusive dejarse llevar por una emoción o sentimiento de forma desmedida. El otro extremo sería la abstención; aislarse, evitar la cercanía de otras personas, evitar enfrentarse a una situación o persona, debido principalmente a los miedos.
No volvamos a vivir en los extremos porque eso nos extravía. Existe otra manera y es desde la templanza. Salgamos de las viejas estructuras sociales y mentales.
– ¡Oh alma sosegada, qué dicha sentirte!



Nuestros CENTROS ENERGÉTICOS principales están alineados desde la coronilla, a lo largo de la espina dorsal hasta la base de la columna vertebral. Situados no en el cuerpo físico sino en el cuerpo astral. Percibir la energía de nuestros chakras así como desbloquearlos es cuestión de práctica.
La auto-exigencia,como exceso, fácilmente deriva en enfermedad si no detenemos a tiempo esas auto-imposiciones desmedidas y ese ritmo feroz que nos obligamos seguir.
