¿Quién tiene la culpa?

hombre lagrimas¿Quién tiene la culpa? Otro tiene la culpa. El que yo me sienta desgraciado, infeliz, incomprendido, maltratado, otro tiene la culpa.

Y al mismo tiempo me culpo a mi mismo por no ser valiente y cambiar la situación, por ser inseguro, por mi dependencia… y creo una acusación constante hacia mí mismo y hacia el otro.

¿Quién tiene la culpa cuando no asumo mi responsabilidad? O cuando me sobre-exijo buscando una perfección que nunca consigo.

¿Quién tiene la culpa de mi incapacidad para responsabilizarme de mi vida y de mi felicidad sino yo mismo?.

Cuando el sentimiento de culpa se apodera de uno crea ansiedad y angustia. Y cuando nos deshacemos de la culpa echándosela a otro nos quedamos estancados, bloqueados, mientras no nos atrevamos a ir más allá de nuestras quejas y exigencias.

Muchos no sólo se sienten culpables de sus propios errores sino que también se adjudican las faltas de los demás, al sentirse poco valiosos.

El sentimiento de culpa asfixia la alegría de vivir. Tenemos que aprender a evaluar nuestras posibilidades reales. Aceptarnos. Aceptar al otro tal como es. No hay nada que perdonar, debe haber una amplia comprensión de que todos tenemos derecho a equivocarnos y aprender de los errores.

La Conciencia es nuestro espíritu.

 

ser lucesDespertar la CONCIENCIA es hacerse consciente de sí mismo.  Es reconocerse como espíritu y alma. Es experimentar en sí mismo, la profundidad del Ser como esencia divina.

Cuando ocurre esto, dejamos de sentirnos el centro del mundo, con nuestras exigencias egoístas y comenzamos a fijarnos en los demás como iguales,  con nuevos sentimientos de simpatía y afecto. Comenzamos a  darnos cuenta de que nada es casualidad y comenzamos a ver las señales y oportunidades para nuestro avance.

Tomamos Conciencia poco a poco de nuestro yo:  observamos cómo funciona el ego, la mente, cómo reaccionamos emocionalmente, cómo los pensamientos nos dominan,  todo ello conformando nuestra personalidad,  y nos hacemos conscientes que nuestra infelicidad y angustia es debido principalmente porque estamos cargados de energías (emocionales) tóxicas  negativas  … 

Ahora viene el despertar de la Conciencia … como una Luz que estalla en nuestro cerebro y nos hace ver con claridad:

«Yo no soy mi mente. Tengo una mente a mi servicio… Yo Soy algo más que mi cuerpo físico. …»

El punto de encuentro con nosotros mismos está en el centro del Corazón espiritual  mientras estamos en el proceso de purificación y de des-identificación. Ahora toca deshacerse de todo lo que nos ha condicionado y limitado.

Nos ocupamos de nosotros mismos con responsabilidad y amor para cambiar los viejos programas de creencias y pensamientos rígidos. Comienza a nacer en nosotros la compasión; no juzgamos a los demás ni a nosotros mismos… al menos, ahora somos conscientes y rectificamos, sin castigarnos: estamos en el Camino.

La ansiedad ha sido eliminada. No existen más miedos. Todo eso solo eran fantasmas…

La compasión nos envuelve y diluye instantaneamente cualquier falta y sentimiento de culpa, tan poderosa es su energía.  Nos renueva …  Ahora ya -con nuevos hábitos y nueva actitud- actuamos y fluimos de forma estable. en  armonía, sintonizados con las energías universales del Amor Incondicional.

Desde la confianza absoluta.  Conectados nuestro corazón y mente superior a la Conciencia Suprema. 

Somos Conciencia, porque ese es el mayor atributo de nuestro espíritu.

 

La valentía de rectificar

hombres uno con luzAceptar que no somos héroes infalibles nos quita un peso de encima. No tener que disimular ni fingir que lo sabemos todo, nos hace ahorrar energía. No tener que guardar una imagen de seres perfectos y bondadosos que viven en un mundo magnífico de felicidad, nos hace destensar y relajarnos física y mentalmente.

Hemos oído muchas veces decir que rectificar es de sabios. Pero, si no aprendemos la lección al cometer un error y repetimos una y otra vez el mismo fallo, -no queriendo reconocerlo- la situación se hace preocupante.

Corregir lo dicho, rehacer lo hecho, enderezar el rumbo, siempre nos va a hacer mejores. Vivir la vida desde ese sentimiento, sin cargas de culpa, nos hace libres.

Tener la capacidad de perdonarnos y perdonar a los demás, entendiendo y aceptando que nada ni nadie en esta vida es perfecto; nos hace libres.

Y ante un error, tomar conciencia y preguntarnos «¿qué enseñanza hay aquí para mí?, ¿Qué puedo aprender de esta situación?». Y rectificar. Ese acto es el que nos hará crecer y sentirnos bien con nosotros mismos.

Nuestro Ego es el que se debate y resiste para que no salga a la luz que se ha equivocado. No quiere reconocer sus fallos ni debilidades -cuestión de amor propio desmedido-.

No pasa nada. Al contrario, nos sentiremos liberados en ese reconocimiento o confesión «me he equivocado» … «no lo he sabido hacer» … «perdón» … «lo hice sin pensar, no volverá a suceder» …

No pasa nada. Al contrario, reconocer que nos hemos equivocado, es liberador. Es un acto de valentía y de humildad a la vez.

Seamos valientes para reconocer nuestros errores. No pasa nada. La vida sigue, no nos castiguemos,  no perdamos el paso.