Ay del Ego…

El Ego -que es tu idea y soporte como individuo- se columpia tan campante cuando le prestas demasiada atención.

Me cuentas lo que haces cuando yo solo deseaba me mostrases tu Ser…

Afirmar tu personalidad no es algo que te haga mejor; estás marcando separación. Sin embargo, no olvides, nos contenemos unos a otros.

No estamos hablando de lo mismo… No nos estamos comunicando en el mismo tono.

Tu hablas y hablas de lo conseguido y yo quería saber quién eres …

Hace falta más cultivo de la Conciencia antes de entregar al más avispado el poder para que nos guíe. ¿Acaso todavía no nos hemos hecho conscientes de que el Maestro y guía está en nuestro interior?

Más nos valdría saciar los anhelos de nuestra Alma y no alimentar los apetitos del Ego… nuestro y de otros …

El Ego inflamado de unos se aprovechan de la baja autoestima de otros. A estos últimos, los miedos les hace indolentes al no confiar en sí mismos. Las personas aprensivas, tímidas y asustadizas son los seguidores obedientes de líderes y maestros desaprensivos.

Tomemos la responsabilidad de nuestra salud, bienestar, plenitud, felicidad… La Fuente de la Sabiduría está en el centro de nuestro corazón espiritual.

“Eso ya lo sé”

Decimos saber, cuando tenemos información de algo pero eso no es saber. Guardamos en la memoria datos, ideas, palabras, sin procesar ni integrar. Sólo están ocupando lugar, nada más. Usamos la Palabra para recrearnos pero no vamos más allá.

Por ejemplo, hemos oído y leído miles de veces “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, es una frase conocida por todos, pero nada más.

Si estas palabras estuviesen integradas en nuestro corazón, habríamos ya avanzado en Conciencia. Pero no, seguimos en nuestra ignorancia de decir “eso ya lo sé”.

Si profundizásemos en la palabra AMOR, yendo a nuestro interior y conectando con nuestro corazón espiritual, nos asombraríamos de darnos cuenta de lo poco que amamos y nos amamos.

Lo que uno no ha experimentado en sí mismo es imposible entenderlo y mucho menos sentirlo por los demás.

Acomodarnos como humanos en la mediocridad, sería comparable a oír a un ruiseñor cacareando. Olvidó su don, desconoce su potencial …

Como seres humanos estamos hechos a semejanza de Dios y esto quiere decir que están en nosotros todos Sus atributos. Somos seres de Luz. La divinidad está en nosotros.