
La frustración y la decepción crean un estado anímico contrario a la paz interior. Son emociones que nos envenenan tan lentamente que no les damos la importancia que tienen en cuanto a cuan profundo nos dañan, mientras las vamos acumulando o guardando sin darles salida.
Mientras tengamos problemas pendientes por solucionar y estemos viviendo cada situación presionados por esta urgencia interior de afirmar nuestro Ego, no podremos utilizar la mente con claridad y libertad. Estaremos siempre viendo la situación justificándonos o resignados a la infelicidad. Nunca satisfechos de nosotros mismos.
¿Qué significa estar interiormente en paz? Interiormente significa desde nuestro Ser, conscientemente. O sea, estar en paz desde el fondo de nuestra Alma. Con ello conseguimos barrer temores, inquietudes, transformar la resignación por aceptación voluntaria, dejar el pasado atrás. Seamos consecuentes; hagamos una introspección de nuestro carácter y temperamento de forma lo más imparcial posible.
Las condiciones necesarias para tener paz interior son tres:
- Estar interiormente en paz con los demás. Esto se consigue respetando la forma de ser de cada uno. Y comunicarnos con nosotros mismos y los demás desde la sinceridad de corazón.
- Vivir y aceptar nuestra realidad. Despejándola de todo condicionamiento.
- Desarrollar la voluntad superior a través de la meditación dinámica y consciente.
¿Qué es la VOLUNTAD SUPERIOR?.- Es la energía creadora universal que mueve todas las cosas. El primer paso es intuirla siendo Observadores de nosotros mismos. Seguidamente comenzar a cultivarla a través de la meditación para que se convierta en un estado de conciencia habitual y permanente.
Aprendiendo a escuchar con nuestros oídos internos esta CONCIENCIA SUPERIOR, es posible la PAZ INTERIOR. Estando atentos, desde la respiración consciente, aprendemos a percibir la guía de la Conciencia Superior (Dios),
Se trata de vivir la vida desde un nivel superior de Conciencia estable y positivo que nos brinda calidad de vida.


La esencia divina está en cada uno de nosotros. El Alma es como la placenta etérea que envuelve al Espíritu, que es nuestra esencia divina eterna. Así que, la conexión entre nuestro físico y nuestro espíritu, es el Alma.

