Podemos alcanzar la felicidad y la paz interior sin hacer demasiados gastos ni esfuerzos físicos. Se trata de un entrenamiento para obtener una nueva Conciencia de nosotros mismos. Ver quién somos en realidad. No es fácil pero no imposible.
La instrucción es muy simple: SER OBSERVADOR DE UNO MISMO. Observarte a ti mismo como personaje, así actuarás con desapego de tus emociones. «Tú no eres tu cuerpo físico, no eres tus emociones, no eres lo que piensas. Tú eres Conciencia.»
No te juzgues, no te exijas. Simplemente obsérvate y sin esfuerzo irás corrigiendo lo que ya no quieres más en ti. Consciente de que hay pensamientos y creencias que no te pertenecen …
Se requieren tres actitudes:
1) Perseverancia.
2) No tener expectativas.
3) Paciencia.
Las respuestas que irán apareciendo, a todas las incógnitas, se adecuarán al nivel de nuestro entendimiento y las iremos escuchando desde el filtro de nuestra Conciencia.
Nuestra reacción a ellas pasarán por tres actitudes:
Primero: Las ignoraremos.
Segundo: Las cuestionaremos.
Finalmente: Nos rendiremos a ellas.
Cuánto tiempo nos llevará este proceso de «purificación», depende de nuestras resistencias a VERNOS y ESCUCHARNOS.
Este entrenamiento tiene garantías. Cuando lo consigas, compártelo.

Confiad en el Poder sanador de la mente cuando está enfocada en el Presente.
Tenemos la capacidad de gobernar nuestra mente y nuestra energía vital. Tenemos la capacidad de aprender a ordenar esta energía; refinarla, almacenarla y dirigirla hacia nuestros centros energéticos superiores para despertar y desarrollar la INTUICIÓN, que es desde donde despegaremos para navegar hacia otras dimensiones de nuestro Ser.
EXPERIMENTAR es llevar a la práctica lo que hasta ahora sólo estaba en la mente como creencia o información.
No nos gusta esta palabra «pureza» porque las religiones se adueñaron de ella hasta agotar su esencia. Pero la pureza va ligada a la Verdad; lo que no es puro corre el riesgo y peligro de corromperse, pervertirse.
A ratos estoy a la defensiva, a ratos me desplomo y cedo, a ratos ataco, otros ratos imploro y alzo la voz o me callo, lloro …
El entrenamiento que obligatoriamente hacemos para aprender a vivir es arduo y nos lleva toda la vida, sobre todo si somos soberbios e ignorantes.
Realmente sabemos poco de la vida. Interpretamos la vida por los resultados circunstanciales externos, no por lo que es en sí misma. Y por ello, la vida no la vivimos sino que la sufrimos.
Cuando un maestro de REIKI no confía enteramente en sus capacidades como Canal sanador ni conoce en profundidad su inmensa excelencia, ni tiene el dominio sobre las energías con las que trabaja ni ha integrado en sí mismo la excelencia del REIKI, entonces, sin ser consciente de todo esto, está rebajando el potencial sanador de REIKI a una mera «TÉCNICA».