Cómo llegué donde estoy

yo mayo'13Entre los años 1989 y 1996 viví en Irán junto con mis hijos; seis, contando a mi hija pequeña que nació allí a los pocos meses de llegar. La situación del país entonces era de una gran pobreza para todos pues acababa de salir de la guerra con Irak. Allí nos tocó vivir con los más pobres de los pobres.

Yo vivía recordando y rezando a Dios todo el día porque era la única manera de sobrevivir con dignidad. No es fácil explicarlo y tampoco es el tema, es sólo un detalle importante de mi historia porque la FE puede transformar la vida cotidiana en una vivencia superlativa…

Entre tanta miseria yo ayudaba en lo que podía y como podía. Principalmente a las chicas jóvenes de muchos países africanos y asiáticos que venían a estudiar, llevando poco tiempo de casadas y sin saber manejarse solas, acostumbradas a estar protegidas por todos los miembros femeninos de sus grandes familias. Más que nada les daba consejos prácticos con sus hijos pequeños o ayudaba en los partos… en fin, un poco hacía de madre o tía porque la nostalgia y el sentimiento de desamparo eran muy grandes.

Después de bastante tiempo comenzó la cosa a sobrepasar mis capacidades porque yo no tenía ni la más mínima idea de medicina ni siquiera sobre primeros auxilios. Como estas mujeres jóvenes de Pakistán, Filipinas, Malasia, Somalia y mujeres africanas, me pedían ayuda, me puse a rezar.

Tengo bien grabado el momento, una tarde, en que me senté a pedir a Dios solucionase este asunto que comenzaba a desbordarme. Le dije: “Si Quieres que ayude a esta gente dime Tú cómo tengo que hacerlo porque yo no sé”.

Exactamente cuando acabé de decir esto entró mi hijo mayor por la puerta de la habitación con una bolsa en la mano. “Mamá, un hombre me acaba de dar este montón de medicinas. Me ha dicho que se marcha del país y que justo cuando lo iba a tirar a la basura, se ha acordado de ti y pensó que tú puedes darle algún provecho”.

Eran frasquitos homeopáticos. Habría quizás unos 30 con diferentes nombres. Yo nunca había utilizado la medicina homeopática, no tenía ni idea. Pero como estaba segura, convencida y con total certeza de que me lo había hecho llegar Dios mismo, lo comencé a utilizar.

Venía alguien para decirme que su hijo tenía diarrea desde hacía días y lo que el médico le había mandado no había hecho efecto. Yo metía la mano en la bolsa mientras rezaba y sacaba un tubito y le daba unos cuantos gránulos para que se lo diese al hijo. ¡Mano de Santo! -la madre me decía después que el niño se había curado enseguida. En este asunto tan serio, no usé mi mente para buscarle alguna lógica, simplemente dejé que sucediesen las cosas…

Y ese fue el comienzo. Ya de vuelta a España me interesé por la terapia de las Esencias Florales y seguidamente me llegó el regalo de conocer el Reiki y hacer la maestría. Desde entonces, hace ya de esto una década estoy al servicio de las energías sanadoras y enseño el ABC de la auto-sanación; la responsabilidad de mantener nuestros cuerpos: físico, mental-emocional y espiritual, sanos. Es posible.

A través de la experiencia y añadiendo que desde hace seis años sigo las enseñanzas de un maestro yóguico que ha ampliado mi visión del potencial del ser humano para auto-regenerarse y trabajamos para desarrollar el conocimiento intuitivo, es lo que me anima siempre a compartir lo que la inmensa mayoría de la gente en occidente ignora: nuestra capacidad de sanarnos y qué es lo que genera la enfermedad.

Mi forma de actuar en la sanación de otra persona es testándole a través de la imposición de manos. Yo siento en mi cuerpo dónde está el dolor, cómo y dónde se generó. Actúo en conexión con el campo astral de la persona. A veces aparecen mensajes; hago de Canal. La Mente no participa, si lo hiciese estaría yo dando mi opinión personal y eso no sirve para nada. Mínimo son de 3 a 4 sesiones de una hora. Lo complemento con Esencias Florales y si hace falta también homeopatía.

De todas formas hay que saber también que no todo el mundo desea sanarse. Mientras haya resistencias, inconscientemente, y poca fe, no hay mucho por hacer.

Este ha sido mi andar, en pocas palabras, dentro del mundo de la sanación.
Cristina Gómiz Cendrós
Nacida en Barcelona en 1947. Experimentada en técnicas de visualización, regresión, relajación y meditación. Terapeuta Holística en Sanación Energética. Formadora de terapeutas de Flores de Bach y Maestría Reiki. Facilitadora en entrenamiento para la Nueva Conciencia.
Granada, 24 de Mayo 1913

(texto enviado al Symposium de Médicos y Sanadores, donde daré un Taller el día 6 de septiembre próximo en Barcelona).

email: crisgomiz@hotmail.com
móvil: 656930519

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