No somos los mismos de ayer

mujer ante el solHaciendo lo mismo cada día pero de forma consciente, hace que cada vez sea como una primera vez. Y así es, porque cada vez ese mismo acto, está cargado de más consciencia.  La expandimos y nuestra capacidad de percepción se amplía.

En cada nuevo día, esos actos repetitivos,  o son  rutinarios y mecánicos o los sentimos como «nuevos» porque hay un poco más de consciencia en ellos. Se repite la acción y aparentemente estamos haciendo lo mismo, cada día, pero en verdad, no es posible decir que somos los mismos de ayer.

El sol nos sorprende  cada día al amanecer y al atardecer.

Si hemos estado despiertos -como Observadores- nuestra Conciencia se ha expandido; no somos los mismos.

Si ha habido comprensión del día vivido y hemos aprendido alguna lección, no somos los mismos.

Si hemos estado conectados al Universo -sincronizados a él-,  no somos los mismos.

Podemos estar haciendo por largo tiempo los mismos ejercicios de yoga, por ejemplo. Físicamente nos va a proporcionar elasticidad y flexibilidad al cuerpo. Puede parecer rutinario y mecánico en sus formas pero, si los hacemos de manera consciente; sintiendo el movimiento en nuestro cuerpo, los músculos cómo trabajan, nuestra respiración, etc., sentiremos la novedad de ese momento.

Sentirse vivo no es nada más que eso; vivir plenamente el momento presente y percibirlo como único… para volver a dejarnos sorprender por la vida al día siguiente.

 

 

La rutina mata

Alguien dijo que no vemos las cosas como son sino como somos. Y en ese -más que ser, ESTAR- es lo que hace que nos vayamos apoltronando, en un arrellanarse en lo cotidiano calmo y tedioso… confiados, sin cuestionarnos demasiadas cosas.

Nos mantiene en pie de forma mecánica la inercia. Y todas nuestras capacidades y potencial innato quedan dormidos en el fondo de nuestro ser.

Nuestra vida se vuelve una rutina y lo rutinario nos lleva inconscientemente a vivir de forma  maquinal. El amor, el trabajo y hasta las mismas distracciones  los convertimos en actos mecánicos, sin corazón.

Todos los días, por ejemplo, hago sesiones de Reiki a otras personas y normalmente vienen varias veces hasta que conseguimos un desbloqueo y equilibrio de los centros energéticos. Siempre antes de comenzar, invoco y pido ayuda a los ángeles, arcángeles y a los maestros ascendidos y digo para mi interior «Espíritu divino que estás en mí, ilumíname y guíame en esta sesión».

Soy consciente del peligro de caer en la rutina. En el momento en que esto sucediese, que yo no actuase como Canal e invocase desde el corazón, no sucedería nada. Sería todo una pantomima.

Toda situación y acto de nuestra vida debe ser vivida de forma reflexiva y al cien por cien. Esto es lo que garantiza la sinceridad y pureza de intención.

La rutina mata. Apaga las ganas de vivir, la ilusión, la alegría. Extingue  la intensidad del amor. Ahoga  nuestra naturaleza creativa, llevándonos a la mediocridad.

Aprendamos a ver las cosas desde nuestro corazón expandido y con alas de mariposa….