Queremos creer

Las promesas que siempre serán realizadas mañana. La esperanza, no tangible, de lo que está por venir y se queda en la espera. Siempre una luz al final del túnel que no tenemos seguro si llegaremos a cruzar. Siempre la propaganda de un paraíso prometido. Pero confiamos, queremos creer.

La felicidad soñada, la paz deseada, nos será dada en un tiempo que siempre será después.

El Cristo y Mesías del que anuncian su venida desde siempre y en él se cuelga toda responsabilidad y al que tendremos que seguir esperando, por siempre, a que nos salve…

Este es un mundo ilusorio y de engaño -autoengaño- donde existimos y sobrevivimos gracias a las promesas y esperanza, sin querer ver la realidad. Mientras tanto uno sigue viviendo en la mentira de sñi mismo, uno no se esfuerza, no crece, no se responsabiliza, no se toma en serio, uno no sabe quién es, uno no dice basta, uno no se construye y se esfuerza por ser quien es.

Queremos creer, es más cómodo. Le echamos la culpa al otro, es más cómodo.

PROMESAS

niña soplando deseo«Si te portas bien te compraré … te regalaré … de mayor serás … te amaré toda la vida … irás al cielo …»

Deberíamos desconfiar  de los que hacen promesas fácilmente. ¿Qué esperan a cambio? Es el arma de los desaprensivos y la presa más fácil son los incautos, los ingenuos y las personas  inocentes.

La promesa te hace esperar  ALGO MEJOR, quizás algo inalcanzable pero como confías ciegamente en quien te promete, le crees. La promesa,  del experto en hacer promesas, te obnubila a una dimensión irracional y el corazón deja de intuir el peligro a la estafa.

Las promesas siempre se escriben en mayúsculas y se colorean bien bonitas. También se susurran al oído … para que entreguemos nuestra Voluntad …

Cómo reconocer al embaucador,  al que promete consciente de que no va a cumplir con su palabra. Son las persona que tienen el don de la oratoria y el carisma para atraer interesadamente a la gente.  Muchos de ellos se hacen políticos y expertos en ventas de cualquier cosa. Este tipo de gente llega un momento en sus vidas que, de tantas mentiras que dicen, de tanta exageración, ya no saben cuál es la pura verdad; viven en un mundo de ficción que termina atrapándolos.

Por todo ello, no hagamos caso a las promesas de nadie. Aprendamos a seguir a nuestra intuición que es la mejor consejera.