Un mar de indiferencia

Tenía ante mí un mar sin sol debido a la indolencia de la raza humana. Las olas, cansadas, iban y venían reflejando la apatía y dejadez del mundo.

En lo alto del acantilado había una plataforma de cemento donde la gente se paraba a mirar la inmensidad de su indiferencia. Pero, desde su estado de inconsciencia, sólo veían lo que querían ver.

De vez en cuando surgían olas de Luz y unos pocos las reconocían y se maravillaban de ellas, haciéndoles recordar y reavivar su condición humana y divina.

Otros, más audaces, bajaban a las rocas para refrescarse en el agua. Y otros, muy pocos, se quedaban meditando buscando conectarse con el espíritu del océano.

Geometría sagrada …

playa arena geometriaMás de media humanidad vive desde la mente: desde el miedo, la inseguridad, el egoísmo …

De la otra media mitad, un por ciento elevado, tiene una mente débil: es vulnerable, no sabe pensar ni tomar decisiones, es servil hacia los que tienen poder.

Sólo un pequeño colectivo de seres humanos vive desde el corazón y desde la compasión real.

Así que, el sufrimiento que la inmensa mayoría padece es debido a un posicionamiento erróneo ante la vida. No es que la vida sea cruel, somos los humanos con nuestro comportamiento, los que hemos creado un infierno aquí en la Tierra.

Y ese es el mensaje de hoy; hacernos conscientes de nuestra realidad, fortalecer nuestra voluntad de crecer y madurar, conectar mente-corazón para tener una mayor claridad y conocimiento sobre nosotros mismos …

Esa es la tarea más urgente: no dejar nada al azar, ser responsables de nuestra salud física, mental y emocional -es posible-.

Somos una hermosa ola en el gran Océano de Vida -en movimiento continuo-. Aceptamos el vaivén al que estamos sometidos en este mundo de la Dualidad.