Guardar silencio

mujer grito en desiertoGuardar silencio no es lo mismo que CALLAR. Desde pequeños nos mandan a callar “Cállate, no quiero oír ni una palabra más” … y tenemos que tragarnos nuestros sentimientos y lágrimas que siguen bullendo en la mente. No hay posibilidad de réplica. Queda adentro -atrapado- nuestro sentir.

Y de tanto callar perdemos la capacidad de expresarnos y comunicarnos. Más que silenciar lo que hacemos es enmudecer…

Y callar nuestras emociones es cerrar la posibilidad de entendernos y acercar nuestros pareceres.

Si no hay comunicación estamos reprimiendo nuestro sentir, nuestra capacidad -y derecho- de expresión.

El que calla por mucho tiempo finalmente GRITA sacando fuera -quizás en un momento inoportuno- todo lo que venía guardándose dentro y finalmente se convirtió en RABIA.

Otra cosa es el SILENCIO. Guardamos silencio en el corazón y nos conecta con la plenitud del Ser y la paz que existe en nuestro interior. El Silencio nos reconforta y despeja la mente de toda turbulencia emocional.

Callar es reprimir; queremos evitar el enfrentamiento y nos obligamos a callar, REPRIMIMOS por miedo a crear conflicto y guardamos dentro nuestro malestar.

Guardar silencio es una acción voluntaria que nos lleva a la aceptación de la situación y nos fortalece el alma.

Hombres y Mujeres

amor 1Nos desenvolvemos en el mundo primario de la dualidad. Desde la rigidez mental de la separación y el enfrentamiento. Si piensas como yo, eres de los míos o de lo contrario ya no te escucho. Sin capacidad para percibir más allá de nuestras conveniencias, vemos al otro como rival. Y hoy en día hemos llegado a los extremos de rivalizar entre hombres y mujeres.

Nos falta educarnos en el CIVISMO. Cívica es la persona que se interesa por el bien común de la sociedad. La persona común insulta, amenaza, no deja espacio al que ve como contrario. La persona cívica es la que es consciente de su responsabilidad como ciudadana, compartiendo con el otro desde el respeto, sin ver diferencias entre razas o género.

Hombres y mujeres deberían convivir como complemento el uno con el otro y no enfrentados. Entiendo que estamos viviendo unos momentos de “reacción” por los efectos de tantos siglos de sometimiento y represión hacia la mujer. Pero el varón heredó generación tras generación esos patrones machistas que las madres han estado reafirmando inconsciente u obligatoriamente, desde su puesto de educadoras, tan arraigados estaban esos patrones de superioridad del hombre.

Ahora es el momento de reconfigurar los sistemas educativos y sacudirnos de encima la mentalidad y creencias caducas. No desde la venganza y las represalias o el castigo. El único enemigo es la ignorancia. Se trata de educar desde el amor hacia el prójimo.

Revalorizar la naturaleza femenina, recuperando su naturaleza y esencia. Pero también es sumamente importante ayudar al hombre a encontrar su sitio como pareja, como padre, como hermano.

Las energías masculina y femenina no son contrarias, son dos esencias distintas sino necesarias en una misma persona, sea hombre o mujer. La calidad humana está en la armonía y equilibrio de ambas.

Simpatías y desprecios

hombres-ayudandose¡Nos es tan fácil ser buenos con las personas que nos son simpáticas! Por ellas hacemos lo que haga falta pues nos van a corresponder tal y como esperamos lo hagan.

Muy diferente sucede con las personas por las que sentimos desagrado y aversión. Quizás sin causa que lo justifique pero nos irritan solo con su presencia y ante la más pequeña cosa nos encienden los nervios. Las despreciamos porque al juzgarlas lo hacemos con dureza e incluso despiadadamente.

Este tipo de personas que hoy en día calificamos de ‘tóxicas’ porque nos enervan y hacen que no podamos controlar nuestra parte más oscura, son el instrumento perfecto que necesitamos que testa nuestro grado de amor, paciencia  y compasión hacia los demás.

A esos escenarios y personajes que aparecen en nuestra vida sin desearlos -pero están- y son parte de nuestra realidad, deberíamos reflexionar y sacarle partido. Aprovechar estas situaciones de enfrentamiento para poner en práctica en nosotros los valores como  la amabilidad, la paciencia, el no juzgar, la tolerancia…. y tantos otros.

Preguntarnos, qué debo trabajar en mi que esta persona ha venido a enseñarme. En el momento en que ya no nos afecte su presencia ni sus formas, ese día desaparecerá de nuestras vidas o , también puede suceder, que la ganemos como amiga. Al menos, ya nada podrá afectarnos; en nuestro interior sólo habrá amor incondicional.