Conformarse es reducirse

hombre-contraluz-en-la-cimaSi del uno al diez yo me valoro con un cuatro y no me siento capaz de aumentar esa puntuación, me estoy limitando a no crecer. Quizás el entorno ha contribuido a que yo me desvalorice, a que no tenga mayores pretensiones, a que el miedo al fracaso me inmoviliza, a que me haya resignado a vivir en la mediocridad y no aspire a experimentar nuevas posibilidades … todo ello son posicionamientos mentales que se pueden limpiar y reprogramar.

El conformarse con una idea configurada  sobre nosotros mismos y no SALIR de ella, no deja de ser una actitud negativa y es lo que nos hace mantenernos reducidos en los mínimos de nuestras capacidades.

Mejor actitud sería comprobar cuáles son nuestras reales limitaciones. Sin miedo a equivocarnos.  Tenemos que cuestionarnos. Podemos aventurarnos a equivocarnos. Podemos arriesgarnos a asumir nuevos retos.

Ensanchar la imaginación. Ensoñar. Posicionarnos desde la perspectiva y actitud de  entusiasmo y curiosidad por la vida. Y al mismo tiempo, ACEPTAR nuestra realidad.

… pero todo esto queda solo en palabras si no trabajamos en nosotros mismos para comenzar a cambiar hábitos. Todo queda en teoría muy sabida «eso yalosé» si no comenzamos a poner en práctica algunos ejercicios que desentumezcan nuestra mente mecanizada.

Y el primer paso, ya lo has oído decir muchas veces, es conocerte a ti mismo.

Más tácticas a poner en práctica: atreverte a comprometerte a dedicar un tiempo cada día a estar contigo mismo.  Ser Observador de ti mismo. Abrazar a tu niño interior. Dejar que tu corazón espiritual se exprese.

Una vez se despierta la Conciencia, ella ya se encarga de guiarte.

 

 

 

Conformarse y acomodarse

niños divertidosDe niño y de adolescente uno está lleno de curiosidad, entusiasmo y enorme vitalidad para hacer cosas. Los niños tienen prisa por crecer y salir a descubrir el mundo por ellos mismos. Parece como si les faltara tiempo y espacio  para expandir toda su pasión y efervescencia.

Pero en la medida en que nos vamos haciendo mayores toda esa ilusión se va apagando. Toda la inocencia se ha esfumado.  En cambio, la desconfianza, la seriedad y la desilusión son las que están haciendo cálculos en la mente, recordándonos que debemos ser más comedidos y prudentes… nos volvemos rígidos y falsos  …

Cuanto más avanzamos en edad ya lo natural es estar cargados de miedos e inseguridades. La frustración y el desengaño están tan presentes que no han dejado espacio para un nuevo enamoramiento o una nueva ilusión…  mejor quedarse con la añoranza de lo que hemos magnificado en el recuerdo.

Pararse en el tiempo y conformarse diciendo ‘yo ya tuve bastante’, cerrando puertas a nuevas oportunidades que la vida siempre está creando para nosotros, es una actitud pobre.

Acomodarse a lo ya trillado sin ganas o esperanzas de volver a sembrar, sin desear tener una vida propia, llena, hasta el final de los días, es una actitud pobre.

Y es que llevamos el pasado a cuestas -los recuerdos dolorosos y tristes-. Llevamos a cuestas los sentimientos de culpa. Todo eso pesa enormemente y ensombrece nuestra existencia.

Falta volver a saborear la vida, con el mismo entusiasmo de cuando se era niño. Cada día, a cualquier edad, es un nuevo día por descubrir y dejarse sorprender.