Silencio e indiferencia

niño ojos aterradosNo hay mayor castigo que la indiferencia y el silencio. Ese desprecio es aterrador y causa el mayor dolor del mundo.

Cuando el niño sólo ve adultos alrededor que no  le prestan la debida atención, cada uno enfrascado en sus propios asuntos y preocupaciones. Cuando el niño se siente sin espacio y fuera del tiempo de las personas que le rodean, a no ser para darle órdenes, reglas, deberes,  prohibiciones … a ese niño confundido y sin capacidad de expresión se le van cerrando las puertas del amor y de la felicidad.

Con las mismas consecuencias sería si se le obsequia con algún aparato que lo distraiga indefinidamente sumergiéndolo en un mundo irreal …

El niño, sumido en el silencio de su propio mundo. Silencio acompañado a veces de miradas heladas, impenetrables, que lo fulminan y lo desestabilizan.

Silencio lleno de gritos que empuja al niño al abismo de la confusión y de la soledad.

Silencio obligado por un nudo de hierro en la garganta.

Silencio que abarca desde el corazón al alma.

Muda la voz que ya sabe del ¡cállate!

Mudos los sentimientos que se atragantan.

Niños sin expresión, ojos tristes o de rabia …

Hambre de amor que no sacian

… luego los adultos se manifiestan contra la violencia de género, contra las guerras, contra las injusticias …

La voluntad propia

niño con botas«¡Niño estate quieto!» pretende ser una frase mágica pero no lo es.  Los niños no  están en estado de reposo  ni un minuto; es normal, son niños, tienen mucha vitalidad. Lo malo es cuando a la fuerza se les obliga a estarse quietos y tienen que REPRIMIR su energía -que no saben canalizar o almacenar- … porque la infancia es la etapa de la vida para descubrir, curiosear, experimentar y dar rienda suelta a la imaginación…

Nadie les ha enseñado a relajarse y estarse quietos por voluntad propia; en los momentos en que es bueno darle descanso al cuerpo y a la mente. Lo que han aprendido los niños, en su defensa, es a EVADIR LA MENTE.

Hay que dedicarles tiempo porque la queja generalizada por parte de los maestros de que «su niño tiene falta de concentración» no se arregla echándole un discurso de que debe estudiar más y prestar atención en clase. El niño tienen capacidad para la concentración; pero la han perdido por falta de estímulos. No tienen facilidad para fijar la atención en algo porque la mente se ha vuelto débil al no ser incentivada. El sistema educativo y el tipo de vida actual no inspira ni alienta a desarrollar la mente hacia el discernimiento superior.

Los adultos se sienten confundidos y eso es lo que están transmitiendo a las nuevas generaciones. Los adultos sufren de ansiedad y estrés y eso es lo que perciben los más jóvenes. Los adultos tienen miedos y  sus vidas están enfocadas a ganar  DINERO y esa es la perspectiva de vida que reciben los niños.

Podemos conseguir que los niños vivan su infancia sintiéndose seguros de que son guiados en sus primeros pasos de formación desde el Amor. Animándoles a que sean ellos mismos para que descubran su vocación. Animándoles a que tengan iniciativas.

Los niños crecen hoy en día asilvestrados y desvalidos. Tenemos que escucharles. Conocer sus miedos y responder con respeto a sus inquietudes. Deben recibir las herramientas y los códigos de conducta que les ayude a enfrentarse al mundo para que aprendan a relacionarse en la sociedad desde los valores que nos distinguen como humanos.