La Conciencia

Para que la vida tenga sentido, la existencia debe tener profundidad. Y para que haya profundidad, debemos desarrollar nuestra Conciencia y expandirla para que emerja el conocimiento verdadero.

¿Qué es la Conciencia? Es el espacio inconmensurable donde se aloja nuestra esencia divina. Es la que nos proporciona el conocimiento directo (sIn pasar por la Mente) que llamamos INTUICIÓN. Ese sexto sentido es el que nos saca de la mediocridad existencial.

Nuestra verdadera identidad está formada por la Conciencia y sin ella la vida ni sería posible ni tendría sentido o propósito. Somos Conciencia. Energía de AMOR.

Una vez se ha experimentado la libertad del Ser -nuestra esencia- el anhelo se hace mayor para obtenerla de forma definitiva,

Quien ha comprendido esto y siente la certeza de que así es en lo más profundo de su Ser, fluye y se deja guiar por su Conciencia, porque sabe que ella es la LUZ que le guiará de vuelta a la Fuente.

Entonces, la Mente deja de intervenir o lo hace poco y si intenta dominar nuevamente, la Conciencia, que es observadora impersonal le hace ver cuál es ahora su posición y función real.

La historia personal con la que uno se identifica, pesa como una gran roca a la que uno está atado y no le permite moverse con libertad. Todo ello es ilusorio y mental. Es lo que nos tenemos que sacudir de encima.

Cuando la Conciencia despierta, el Alma siente resucitar.

Ahora me entero

Ahora me vengo a enterar, con 77 años, de que soy una persona ALTAMENTE SENSIBLE (diagnóstico PAS: Persona Altamente Sensible). Y, como a toda persona que finalmente se la valora médicamente con algo específico que la hace distinguible pero no anormal , resulta ser un alivio. De verdad. Aunque una lo intuía no tiene la certeza… y la opinión de los demás pesa y horada.

Porque uno termina acomplejándose, sintiéndose culpable por esas diferencias que muchos tildan de manías, querer sobresalir, dárselas de lista… y una se vuelve torpe, con baja autoestima … por ese sentimiento de delito de ser como una es y que no puede ni sabe cambiar.

Una persona con alta sensibilidad emocional y sensorial y alta intuición, no soporta por demasiado tiempo los ruidos, olores fuertes, algunos tonos de voz, energías disonantes y tóxicas. Por todo ello sufre de sobrecarga y saturación que le provocan malestar. Teniendo que optar por aislarse muchas veces para poder recuperarse.

Lo que se confunde con depresión y trastornos mentales, no son nada más que rasgos de la personalidad y no toca otra que adaptar la vida a la forma de ser de cada uno.

De ahí la importancia de conocerse a uno mismo. Por favor, respetemos al prójimo. Las personas altamente sensibles e intuitivas captan más información del entorno y de los demás aun sin quererlo, teniendo muchas veces sensaciones intensas, que la agotan. Tiene que aprender a guardar silencio y no decir todo lo que sabe.

De ahí el alivio que una finalmente siente, sacudiéndose de encima las paranoias sobre sí misma que la han acompañado toda su vida, antes de descubrir y aceptar su realidad.

Cómo solucionar conflictos

El que se enfada tiene derecho a manifestar sus razones pero para hacerlo de manera que no se exceda su reacción en palabras hirientes o decisiones precipitadas, a veces decidir hacer una pausa de reflexión es lo más indicado hasta que vuelva la calma y la mente y el corazón hayan sanado sus heridas, muchas veces magnificadas por el ego. Porque cuando uno se enfada, es como si le hubiese dado permiso al otro a molestarle, accediese a sentirse agraviado. Si no fuese así, cuando uno disiente del comportamiento del otro, lo habla y soluciona las desavenencias sin que le produzca un enfado exagerado, sobre todo cuando hay amor. O sea, el problema de cuánto me enfado está en uno mismo.

Si los demás implicados tienen buen juicio (y amor) deben confiar que la cordura volverá en su momento, cuando haya solucionado en sí mismo el problema. Aceptar su decisión de retirada y respetar su tiempo y espacio, sin pretender entender ni juzgar las decisiones del ofendido es una actitud sabia, igual que el perdonar.

Cada conflicto es con uno mismo y cada quien debe resolverlo en sí mismo, para su crecimiento personal.

Por lo demás, sobran las interpretaciones de juicio. No es necesario posicionarse en alianzas sino que cada cual observará en su interior, de forma lo más impersonal posible, para que la verdad salga a la Luz y aporte a cada uno lo que le corresponda por justicia, una vez calmadas las aguas.

¿Qué es lo que me ha molestado tanto? Toda solución se vuelve más fácil desde el Amor y cada crisis resuelta aporta bondad a los corazones.

Cabalgar el Tiempo

El Tiempo existe mientras vivamos en él. Y en ese transcurrir, no nos engañemos, el Tiempo manda, tiene el Poder. Puede ser caprichoso y cruel o por el contrario ser mágico e intensamente lírico, bello y mostrarnos su sabiduría.

Lo mejor y más inteligente es poder montarlo, cabalgar en él. Domarlo. Haciendo que nos lleve a donde nos plazca, aliado con nuestro Ser.

Ir montada en él, al trote, a galope y, a ratos, al paso, disfrutándolo. En perfecta sintonía y sincronicidad.

Al Tiempo ni se le ocurre detenerse o volver atrás. Ya no existe lo vivido, sólo queda en nosotros lo experimentado, ya asimilado. Pero lo que se refiere a los hechos, esos ya no existen.

El Tiempo no se rinde. Se calma pero no claudica. Siempre cambiante y a la vez, en esencia, el mismo.

El Tiempo puede producir deterioro si no se le atiende correctamente. Si no se le presta atención crea desgaste, tanto físico como mental. Pero, sabiendo ser positivo, el Tiempo es valiente, nos inspira, haciéndonos sentir seguros de nosotros mismos. Entonces, el Tiempo, hace de la vida un desafío valioso en el que nos sentimos capaces de salir airosos y sentirnos dichosos de tenerlo a favor.

Resucitar el Alma

Ve hacia adentro e indaga, sin que participe la mente, escudriña, cuestiona sin que interfiera la razón ni el juicio. Sólo siente y deja penetrar la Conciencia, que bucee bien al fondo, que ella sabe lo que busca para llevarlo a flote.

Ve hacia adentro y curiosea, que fluyan tus sentidos internos, que tu sensibilidad se despliegue a ver lo que es invisible a la vista y los oídos externos son incapaces de escuchar.

¿Quién se cree que la seguridad es mejor que la libertad?

¿Quién adorna con cascabeles el yugo que nos sujeta y limita?

Seamos Observadores de nosotros mismos y surgirá la pregunta ¿Quién en mi es el Observador? Así es cómo conectarás con tu Alma.

Desarrollemos el Poder de estar presente en el AHORA. Esto se consigue a través de la respiración consciente. Tan sencillo como sentarse con la columna vertebral recta, tomar aire contando hasta 4 y soltar el aire lentamente contando mentalmente hasta 8. Continuar con esta respiración hasta que espontáneamente soltamos un suspiro. Hacerlo varias veces al día y crearemos un hábito que mejorará nuestra calidad de vida y nos hará mantenernos atentos y despiertos a la realidad.

Aceptación / Resignación

La aceptación no es un estado pasivo del Ser, eso sería la resignación. La aceptación se crea desde el consentimiento consciente y por lo tanto desde un asentimiento voluntario.

Si produce sufrimiento lo aparentemente aceptado, si hay sentimiento de obligación o presión, entonces no ha habido aceptación sino represión y las consecuencias y efecto será de padecimiento y amargura.

Cuando la actividad mental es débil y confusa se hace difícil pensar y actuar correctamente y con claridad. La mejor manera de abordar cualquier problema que requiera tomar una decisión es a partir del CÓMO.

¿Cómo solucionarlo? ¿Cómo enfrentarme al problema? ¿Cómo saber qué debo hacer?

Una pregunta bien enfocada evita las malas interpretaciones. Si desde el CÓMO no aparece la respuesta entonces haced la pregunta desde el corazón preguntando ¿Qué debo hacer?

Para una acertada resolución de conflictos es preciso haya auto-conocimiento, y capacidad para reconocer y regular las emociones propias y las ajenas.

¿Cómo saber que la decisión es la correcta? Cuando el corazón siente paz ante la decisión tomada.

Somos Conciencia y Luz

Somos energía vital, Alma y Espíritu. Ahora en un cuerpo físico, en la tercera dimensión del planeta Tierra en la galaxia de la Vía Láctea. Dentro de un tiempo/espacio determinado, para después seguir nuestro camino, de vuelta a Casa, dentro de la eternidad.

Somos energía que no muere, seguimos experimentando la magnitud y sutileza de nuestro Ser, la evolución y la magnificencia de la Conciencia Suprema de la que somos parte.

Desde el trabajo de des-identificarnos del yo-personaje y RECORDAR quiénes somos, incluida nuestra misión de vida.

Y esto implica el DESAPEGO total de todo deseo. Somos, en estado de Amor, incondicionalmente, compasivos con todas las almas, desde el corazón espiritual impersonal, cuando hemos vivenciado la UNICIDAD con el Todo.

Nuestra Alma en estado de ascensión y nuestro Espíritu, incorruptible, por siempre, hacia la trascendencia de nuestro Ser en LUZ.

No te descorazones

Me digo que no soy una buena persona y al mismo tiempo que digo esto siento lo absurdo de lo que estoy diciendo. Así que lo retiro; no quiero hacer un drama. El sentimiento de culpa, que puedo razonar perfectamente para no castigarme, sé que también es falso.

Pero el remordimiento, por las cosas que no he hecho bien, siguen estando ahí, como un monstruo dormido que a veces despierta y me acosa.

Ayer falleció una amiga mía y la noticia me impactó, me cogió desprevenida e hizo que despertaran los fantasmas que habitan en las sombras de mi subconsciente, aprovechando la Mente el momento para recordarme -restregándomelo en la cara- que no atendí a mi amiga cuando necesitaba ayuda. Y aunque era verdad que yo misma por entonces tampoco me sentía con fuerzas para gobernar mi vida, no era excusa para no ayudarla cuando me lo pidió.

La Mente razona pero le cuesta procesar e integrar la enseñanza, enseguida el Ego la distrae para que siga revoloteando de aquí para allá, mortificándose. Me castigo pero a la vez me justifico y defiendo,

Por otro lado, el corazón destila las emociones y sentimientos, depurando la esencia de cada uno de ellos, quitándoles peso. La bondad del corazón hace más llevaderas las cosas. Y me susurra «Haz un cielo de tu vida. No te descorazones. Asume, asimila, trasciende».

Cerebro y Conciencia

Puedes perder lo que tienes pero NO lo que eres. El cerebro no crea la Conciencia sino todo lo contrario.

Cuando el cerebro se daña, no significa que se pierda la Conciencia sino que la Conciencia ya no puede utilizar esa vía para poder expresarse. Porque la CONCIENCIA es en esencia quien uno es y eso jamás se pierde. Nuestro Ser, como LUZ, es eterna.

Para las personas que tenemos un familiar cercano con alguna enfermedad cerebral, como el Alhzeimer o demencia senil, saber esto es un gran alivio, porque mientras vemos cómo se va deteriorando su capacidad de memoria y razonamiento, y vemos cómo sufren mientras van perdiendo su capacidad de hablar, sus delirios y desconcierto sobre el espacio y sí mismos, por otro lado, su Conciencia sigue intacta.

Más allá de la personalidad y el carácter, que son parte de la Mente, SOMOS CONCIENCIA. Y si, desde alguna de estas enfermedades mentales, se pierde la noción del nombre y de la identidad física, que sepamos que NUNCA vamos a dejar de SER, desde el Ser divino que somos, por siempre.

Yo convivo con mi hermano que tiene Alhzeimer. Él es dos años mayor que yo, es viudo y ha tenido una vida muy intensa como líder empresarial creativo y de éxito que siempre fue. De siempre fue al gimnasio y sigue yendo; es un hombre con gran voluntad y disciplina. Muy sociable y extrovertido.

Ahora, con sus 80 años, no entiende que no encuentre las palabras para expresarse. Lleva ya diagnosticado unos cuatro años, quizás la cosa venga de más lejos, no lo sé. El caso es, como yo lo siento, que AGARRARSE con fuerza al Ser que uno es, con optimismo y de forma positiva -como veo que él hace- es la clave para no rendirse y mantenerse a flote. Por supuesto que hay momentos que se viene a bajo cuando, por ejemplo, no reconoce en el gimnasio a alguno de sus amigos que lo saluda con cariño y le dice «perdona, no sé quien eres». O si me pregunta cuántos hijos tiene y le respondo «tres», me mira sorprendido, sin saber qué responder.

Pero todo esto son los daños del cerebro, no del Ser. Igualmente, cuando dejemos este mundo, nuestro curriculum de lo que hicimos y fuimos en esta vida habrá dejado de tener importancia. Somos energía y seguiremos el camino hacia la Luz.

Así lo percibo y siento. Resulta menos dramático y mucho menos doloroso.

Las facultades del Alma

Una almendra, si la habéis visto crecer en el árbol, tiene una primera cáscara para protegerla que al secarse cae o es muy fácil de quitar. Luego tiene una segunda cáscara, muy dura, que se tiene que romper con un martillo para que aparezca la almendra en sí y podamos comérnosla.

Lo mismo ocurre con nosotros los humanos. Tenemos un cuerpo físico -la capa protectora más densa y externa de nuestro Ser- que termina secándose-, más adentro está el Alma, que es la encargada de envolver y proteger el Espíritu: que es la esencia de nuestro Ser, pura Luz, y es eterna.

Percibir y ser receptivo a las altas frecuencias del Universo, es una de las facultades del Alma.

La Mente -sin desarrollar- es sólo hacedora en el Plano material, en conspiración con el Ego. Y el Alma es receptora de las energías cósmicas y nos manda información a través de la Intuición, al crear alianza con la Conciencia.

El Alma es las Presencia divina en nosotros. Si no la prestamos atención y escuchamos, se replegará en sí misma. Alienemos nuestros centros energéticos para reactivarlos y podamos restablecer la conexión con nuestro Ser esencial.

Esto supone mejorar cuantitativamente nuestra calidad de vida.