La libertad de ser.

Anhelo por saber. Curiosidad por conocer. Incansable búsqueda.

Me hice católica a los 16 años. Me hice musulmana con 34 años. Entretanto me interesé por el budismo Zen. A los 45 años me aceptaron en la Tarika sufi de los Yerraji en Estambul. Y con 56 años me desembaracé de todas las formas y dogmas y me quedé con la esencia de cada una de ellas.

Me siento, igualmente, de todas partes -hija de la Madre Tierra- pues el haber viajado por el norte y por el sur, vivido tanto en oriente como en occidente, me han dado la certeza de que no hay un sitio mejor o peor, ni la buena gente está concentrada sólo en un lugar. Las cosas son según el color con que las vemos.

Todo depende de cómo respiramos. Desde qué nivel de Conciencia actuamos.

La libertad de ser, de corregir el rumbo, de equivocarme y volver a empezar, de no sumar fallos sino experiencias, de dejar el pasado atrás y vivir el presente sin miedos.

Hasta que llega el momento de que te das cuenta que no hay que salir fuera para encontrar lo siempre vivo. Se termina la etapa de «buscadora» y entras en el estado pleno de saberte completa; en paz contigo misma.

El Mundo Imaginal

ser y universpEn el sufismo se le conoce como el Mundo Imaginal.  Entras en él al trascender la mente y te deja ver y sentir todo como si mirases a través de una lupa poderosa y como si tu piel y todos tus sentidos se potenciasen por mil.

Al oír música, la escuchas, te agrada, te alegra el ánimo. Cantas, bailas, te entretienes con ella y ya está. Pero en el Mundo Imaginal, además, tú mismo te conviertes en música. Eres los instrumentos. La escuchas desde “dentro” del sonido. Tu mismo eres el compás, el ritmo y la cadencia, eres la vibración de que se compone. Eres el espacio donde se deja oír la melodía y donde se esparcen las ondas. Eres tú, la armonía de sus notas. Y esa experiencia te hace sentir vivo. Te sabes VIVO en la inmensidad del instante en que se produce. Dure lo que dure. Eso no tiene importancia porque no existe el tiempo en el Mundo Imaginal. Sólo disfrutas el momento en el que está sucediendo: eres ese presente.

En el Mundo Imaginal sólo se experimenta, no existe el pensamiento. Es el “yo mental” el que se encarga de analizar, observar, tomar apuntes, juzgar, guardar información. Pero tu  Esencia; vive la experiencia en sí misma, conoce a través de experimentar, vi-ven-ciar.

Es el “yo” el que se preocupa ¿habrá más? ¿Qué pasará cuando termine? ¿Será esto producto de mi imaginación? Tu Esencia, vive el momento como algo único, nace y muere en cada acto que experimenta para volver a renacer más fuerte. Es el “yo” el que tiene miedo y programa para asegurarse que después, más tarde, -agarrándose al ilusorio tiempo- haya más cosas por hacer que le aseguren está viviendo.

Pero tu Esencia –tu espíritu-, simplemente deja que las cosas sucedan. Se aquieta y fluye, entonces los sentidos se abren y se adentra en el Mundo Imaginal donde no tiene cabida el Miedo ni lo Emocional. La Intuición llega y te desvela las alas que siempre has tenido pero que no sabías que estaban ¡Y es un disfrute moverlas! La Intuición te enseña a usarlas y te das cuenta que es fácil. Porque en el Mundo Imaginal todo es sencillo, maravilloso.

Aquí no hace falta cuidar de la imagen. No sé por qué pero ésta no tiene la menor importancia. Como no hay de qué presumir ni interesa engañar o impactar a nadie…, será por eso.

Aquí solo quieres abrirte y abandonarte al máximo;  FLUIR, dejar el yo para percibir el ser. Cuanto más te abandonas más percibes, más afloran tus capacidades… Cuanto menos MIEDO a perder el control tenga el yo, más se adentra uno en el Mundo Imaginal.  Más se diluye uno y deja el cuerpo físico atrás… y sobre todo, la mente.

La mente deja de ser la protagonista; ya no piensas quién quieres ser, simplemente ERES. Y ni eso. No hay palabras. Aquí las palabras no sirven para nada.

¡Dios mío! ¡Qué insignificante y qué minúsculo queda el mundo material! Desde el Mundo Imaginal todo lo físico y las cosas que pertenecen al yo, y todo lo material, dejan de tener la más mínima importancia. Ni siquiera el amor. Porque en el Mundo Imaginal eres ya parte de un Todo. Eres parte del Amor Incondicional que conforma el Universo. No existes individualmente, no existen los sentimientos, las emociones. Sólo el gozo de la Plenitud.