Nuestra infinitud

Es otoño, un día estaba paseando entre enormes árboles y observé una hoja bailar en el aire largo rato, después de soltarse de la rama en la que estaba y finalmente posarse en el suelo. Pensé: durante tanto tiempo las hojas de los árboles ven a los pájaros volar, dejándose llevar por el viento o simplemente se desprenden graciosamente, planeando en el aire, sin miedo, que luego los imitan.

Con los humanos sucede que, a medida en que los velos de la inconsciencia van desapareciendo, la Conciencia se amplifica, se expande, se clarifica, y viene a ser como esa hoja al viento, que no pone ninguna resistencia y se deja mecer, permite ser llevada sin preguntar o preocuparse a dónde va a caer ni siquiera se preocupa qué sentido tiene su final.

Sentir esa libertad del Ser, que se sabe parte del Todo, protegido por la Madre Naturaleza, además de sentir la unión con otras almas… este reconocimiento hace también ensanchar el sentimiento de Amor a otros niveles. Es experimentar el SENTIR -como un abrazo- abarcando el infinito.

Cuando se hace posible vivir el AMOR, fuera de los límites marcados por nuestra lógica mental, entonces entendemos lo que es la inmensidad del Amor Universal y la confianza absoluta de que estamos dentro de un Plan divino, que nuestra mente es incapaz de entender en su totalidad.

Salir de la Mente quiere decir, permitirnos ir más allá de todo condicionamiento. Romper con hábitos, formas, creencias, con el fin de VER la complejidad y la sencillez de la infinitud del Ser-

Sé observador de tu personaje.

mano y hoja… Hablamos de conectar mente y corazón… sí, sí, claro… pero seguimos en la mente dándole vueltas, queriendo, pero quedándonos en la  mente con las expectativas y el deseo… en fin, tengo mis dudas de entender qué es eso… y si podré…

Los dos hemisferios de nuestro cerebro tienen funciones bien diferenciadas y lo primero que tenemos que hacer es equilibrarlos; la parte izquierda racional y la parte derecha emocional. Obsérvate. Comienza por observarte en tu día a día, como si el yo fuese un personaje y tú (tu conciencia) la observadora y testigo. Te sorprenderás de tí mismo.

El trabajo para llegar a esa fusión de mente-corazón es tan meticulosa y concreta como arar el campo, sembrar, abonar, regar, hacer un mantenimiento de limpieza de malas hierbas, esperar y finalmente recoger la cosecha en su momento.

Requiere intención, dedicación, seguir el orden del proceso, atención relajada, sensibilidad, intuición… confianza y aceptación. Porque no sólo depende de nosotros, las energías cósmicas externas a nuestra voluntad también forman parte del Orden Superior. Y no todo, ni muchísimo menos, sale como nosotros hemos planeado…
Sólo cuando hemos desarrollado la intuición y nos hemos sincronizado con la Naturaleza y el Universo, ya  dejamos de planear… y entonces todo se hace más fácil…