Cometer locuras

Hacer cosas pensadas desde el corazón puede que sean tildadas de locuras pero eso poco importa a la persona que no toma demasiado en cuenta la opinión de los demás.

Eso me pasaba a mí en mi juventud, cuando la curiosidad y la aventura tenían más fuerza que el razonamiento y la cordura.

Sí, también me llamaban egoísta, es verdad, e inconsciente. Pero yo era incapaz de atender a la moderación.

La primera vez que me lancé al vacío fue cuando me separé de mi marido para ir a vivir a Ibiza con dos niños pequeños y con el dinero justo para sobrevivir diez días, que es el tiempo que me había dado a mi misma para encontrar trabajo. Me prestaron para ese tiempo una habitación en lo alto de una colina, donde vivían las prostitutas.

Las últimas tres noches me las pasé rezando, por primera vez en mi vida, recé durante horas, teniendo de fondo el llanto de los niños de las vecinas que se habían ido a trabajar y dejaban a los hijos solos.

Las fantasías de mi cabeza se borraron de la misma manera que el viento huracanado barre a su paso con todo lo que encuentra.

La historia es larga y muy movida pues encontré trabajo al noveno día pero lo rechacé al darme cuenta que iba a caer en lo mismo de lo que venía huyendo: ser una esclava del sistema. Así que cometí otra locura; me fui a trabajar al campo por casa, comida y poco más.

La historia duró un año, no necesité más por entonces. Lo disfruté. Experimenté el reencuentro conmigo misma. Tenía tiempo para mi y mis hijos. Mi vida que siempre viví desde la impaciencia se volvió calma.

Comencé a creer en los milagros que una misma puede provocar que ocurran… y ocurrían.

Pasión por la vida

No puedo esperar. A mi me puede la impaciencia… porque la vida, siento, va por delante y temo perderme detalles. ¡Quiero sentirlo todo!

Quiero estar aquí y allí al mismo tiempo… aunque ya puedo percibir que, sí, que puedo sentir más allá de lo inmediato … Recibir sensaciones que llegan del otro lado de mi piel, no importa cuán lejos estén, me emociona.

Ya no veo el futuro como algo incierto; lo estoy construyendo ya con todo lo aprendido … quizás ya no sea impaciencia lo mío y sea simplemente pasión; un deseo vehemente por sentir que estoy viva.

He conseguido aprender que en mi AHORA está también lo por venir.

 

 

 

Experimentar y sentir el Alma

meditacion marMuchas veces es necesario sentir la insatisfacción, la frustración y el sin sentido de la propia vida para tomar la decisión de ir en busca de la Verdad. No sirven las respuestas hechas, hay que salir a buscar y experimentar por uno mismo.

REIKI brinda  el mapa perfecto para el aventurero espiritual en busca de su Alma. Primero para conciliarse con uno  mismo. REIKI  enseña el ejercicio de la auto-sanación. Poniendo las manos en los siete principales centros energéticos del cuerpo. Y escuchar. Tener la paciencia de escuchar, de ir hacia adentro,  para poder  percibir cómo es tu estado interior; conectar contigo mismo, con tu ser profundo esencial.

¡Son tantas cosas que tenemos que desaprender para luego crear nuevos hábitos en nosotros!

Desaprender el hábito de la impaciencia es lo primero. Nada podemos hacer de bueno desde la impaciencia. Así que nos sentaremos a respirar lenta y profundamente para tranquilizar a nuestro cuerpo mental. Eso lo primero, todos los días, y cada vez por más tiempo alargaremos las respiraciones. Y cuando sintamos que somos capaces de dominar nuestro cuerpo mental a través de la  respiración, practicaremos una nueva forma:

> Sentados cómodamente, con la espalda recta y la barbilla un poco levantada, ojos cerrados. Inhalamos lenta y profundamente. Retenemos unos segundos el aire, sin forzar. Soltamos el aire lentamente. Nos quedamos en VACÍO unos segundos. La atención en el Hara (Centro Ombligo).

Es en esos segundos que nos quedamos en Vacío, estando todos nuestros sentidos en el interior y atentos en el Hara, que sentiremos la energía vibrar. Experimentaremos nuestro cuerpo etérico. Viviremos la experiencia de que estamos formados por varios cuerpos y de que podemos llegar a dominarlos y dirigirlos desde nuestro Yo Superior (Conciencia).

En ese estado de Quietud, Silencio,  conseguimos conectarnos con nuestro ser interior, y de forma gradual alcanzaremos la paz y un estado de felicidad real  porque  nuestra percepción y comprensión  de la vida se habrá ampliado de forma inimaginable.